Un café con Cristina Nieto

Cristina Nieto es graduada en antropología por la Universidad de Barcelona y tiene un postgrado en programación, bases de datos y sistemas operativos. Se dedica a analizar las conexiones entre tecnología y sociedad que conectan a diferentes grupos sociales y a estudiar procesos de innovación tecnológica. Ha participado en proyectos de innovación social y tecnológica como user researcher entre otros. Actualmente trabaja de tecno-antropóloga en la consultora Designthinking.gal.

¿Cómo conseguiste tu primer trabajo como antropóloga? ¿Con qué retos, posibilidades y circunstancias te encontraste?  

Mi primer trabajo lo conseguí después de realizar un seminario en el ACPA (Associació Catalana Professionals de l’Antropologia) sobre las autoetnografías. Las autoetnografías  son un tipo de etnografía donde el etnógrafo/antropólogo realiza una doble función de usuario e investigador. Esta resulta una técnica ágil ideal para la antropología aplicada.

Tras este seminario realizamos un estudio para el Ayuntamiento de Barcelona llamado Barcelona Sàvia, donde nuestro objetivo era mejorar la experiencia del usuario con la web del Ayuntamiento de Barcelona. En este proyecto nos encontramos primero de todo con el reto de que el perfil de los usuarios era muy variado, reto que se vio magnificado al tener que ofrecer una muestra representativa de la población de la ciudad de Barcelona.

Segundo, también tuvimos que acotar el concepto que tienen los ciudadanos de la ciudad, cómo la sienten y cómo creen que debería estar representada en una web, ya que la ciudad en sí es una categoría que puede abarcar muchas cosas.

Y tercero, nos encontramos con que al trabajar de cerca con los usuarios, cuando salíamos del formato clásico de las entrevistas y los focus group se produjeron algunas situaciones incómodas. Sobre todo pasó con los casos de uso, donde el investigador observa al usuario mientras éste lleva a cabo una serie de ejercicios, sin intervenir y tan sólo tomando notas. Los usuarios no estaban acostumbrados a estas dinámicas que se escapaban desde su percepción del formato tradicional de la relación con el investigador.

¿En qué momento de tu carrera profesional te has desarrollado más como antropóloga? 

Tras el seminario de autoetnografía y otro de tecno-antropología en el ACPA acabamos formando un grupo de etnográfos, a través del cual empezó a darse una sucesión de proyectos de innovación tecnológica y social en los que empecé a adquirir rodaje. Todo esto empezó un año más tarde de acabar mis estudios del grado de Antropología en 2012 y puso los cimientos para mi carrera en antropología aplicada.

¿Cómo usas concretamente la antropología en tu trabajo?

Actualmente colaboro como investigadora cualitativa con una consultoría empresarial que utiliza el Design Thinking en muchos de sus proyectos. A veces me encuentro en la tesitura de que abordo de una forma demasiado profunda mis proyectos, cuando frecuentemente en el mundo empresarial las cosas se quedan en una capa más superflua. Es decir, cortamos una sandía y quitamos la piel, pero no hace falta quitar pepita por pepita. ¿Me explico?

En general creo que como antropólogos tenemos la cualidad de ser camaleónicos. Nos adaptamos tremendamente y desarrollamos mecanismos para absorber conocimiento que nos ayude a entender diferentes contextos culturales y sociales. Esto nos dota de plasticidad mental para poder adaptarnos a múltiples contextos.

¿Qué aportas tú de particular como antropóloga a tus clientes? 

Siento que como antropóloga aplico la mirada del niño o una especie de extrañamiento, que me permite sorprenderme fácilmente por las cosas y redescubrir nuevos significados sobre estas mismas. Esto me empodera en la participación de los procesos de innovación y me da autonomía para transmitir a los clientes de qué forma encajan en su vida los productos, experiencias o servicios que estudio

¿Cuál ha sido el mejor consejo que has recibido en tu carrera? Basada en tu propia experiencia, ¿qué consejo darías tú a unx antropólogx principiante?

Hace poco me dijeron: “Nunca esperes a triunfar. Lo importante es encontrar tu chiringuito e ir tirando”.

A veces parece que nos invade una especie de egocentrismo que nos hace creer que hay que saltar al estrellato y que conseguir un proyecto de investigación súper interesante sea comparable a convertirse en un artista famoso. Sin embargo, creo que el nuestro es en algunos sentidos comparable al trabajo que realiza una cajera en un supermercado, o el peluquero que te corta el pelo con gusto. Lo mejor es intentar normalizar la antropología como un trabajo más, así el viaje no será tan abrupto y las expectativas avanzarán acorde al camino seguido.

Creo que dar consejos es algo que requiere mucha responsabilidad, pero desde mi punto de vista, si uno se quiere dedicar a la antropología es importante tener en mente que siempre hay que buscar ejemplos reales para entender todo lo que se asimila a nivel teórico, que a veces resulta demasiado abstracto. Y también hay que intentar buscar aquellos focos o grupos que respondan a los temas que más interesan a uno, ya sea bajo el paraguas de una asociación u otro tipo de entidad. El trabajo colaborativo es de hecho imprescindible para hacer crecer una profesión que la sociedad pide a gritos y todavía no conoce. 

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